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26
Sep

Edith, Rex & Dulce: Grief and Recovery.

By Dr. Elena Garde

Versión en español más abajo.


 

Edith & Rex

Edith & Rex

We talk a lot about enhancing the relationship between people and their animals, and how amazing it is to have a special connection, but we rarely talk about the emotional trauma when people’s animals die. In Canada, where I used to live, there was a real understanding that when a pet dies, the people need time to process it; sometimes they take time off work or go to a counselor, and this was considered fairly normal. Here in Chile however, there is much less of that understanding. There are no special euthanasia rooms in clinics and no time given for grieving.

When I first moved to Chile 8 years ago, I had terrible chronic back and neck pain that was aggravated by our move here from British Columbia on the west coast of Canada. It is a long trip, and there was a lot of packing and moving to do beforehand! When I got here, I found out about a woman who was an exceptional massage therapist and had studied acupuncture- so in desperation, I made an appointment. I didn’t speak a word of Spanish and Edith didn’t speak a word of English, but somehow we managed, and at least we apparently had a mutual love of animals evidenced by the presence of her lovely poodle “Rex” in her house, who was her loyal companion. Edith became my “go-to” savior for back pain, and I became her “go-to” veterinarian for Rex’s every need. He was a healthy boy whose owner always had his best interest in mind.

Rex

Rex

One night at about 9 pm, I received an urgent message from Edith. Rex had been vomiting blood and was lethargic. The GAAP Clinic is only open during the day since we do not have an x-ray machine and other critical equipment to deal with emergencies; so we always refer to larger hospitals in these cases. I told her to go immediately to the nearest emergency clinic. The next day she updated me- Rex had been admitted and appeared to have some kind of neurological problem. Throughout the day he worsened, and that night, Rex died in hospital.

I went to see Edith knowing the bond that she had with him. Understandably, she was devastated. We hugged, she cried, I cried. Rex was so sweet and he was so much a part of her life. The way she used to wander through the house chatting with him, crooning, waggling her finger at him when he was naughty and sending him to his little bed when she had a client to attend to. Without him, it was so quiet, so lonely. I felt terrible leaving.

We sent a few messages back and forth over the next few days and she said she was ok. Then I didn’t see her for a while…until my next appointment about 2 months later.

I went to her house and we started chatting right away. She told me that the loss of Rex had really hit her hard. In Chile, where the human-animal bond is sometimes rather loose, it can be hard to explain to friends and family what a huge hole a pet can leave in your life. Dogs often live outside in the backyard, or loose in the streets, so it is hard for other people to understand

Edith & Dulce

Edith & Dulce

sometimes, why the grieving takes so long and can be so profound. Edith was suffering in silence and alone….so she decided to seek professional help.

As soon as she started the therapy, she started working things through, and her dreams took on a fantastic theme. Edith started to dream of horses: wild, beautiful, galloping, manes streaming in the wind…and sometimes she was one of them. Her therapist recommended finding a friend with a horse so that Edith could just quietly connect with an animal again, but sadly, Edith could not think of a single friend with a horse.

I stared at her, incredulous. Since our rescue horse Dulce had arrived in Valdivia, I have always thought that he was destined for something great, as a therapy horse for traumatized children or adults. He is just so gentle and sweet. “Edith”, I interrupted. “Edith….did you know I have horses?” She looked at me as if I was from outer space, then her eyes filled with tears. “Really????”, she whispered. “This is just incredible…”
And so began the love affair between Edith and Dulce. Every Saturday, Edith comes to visit, armed with carrots and hugs. She takes Dulce for a walk to find greener pastures and then grooms him. I have listened to Edith talking to him, and it is in the same way that she used to talk to Rex, with that mock admonishing tone as he nuzzles her pocket to steal yet another carrot. When she thinks no-one is watching, she hugs his big goofy head and tousles his forelock gently as he leans on her shoulder.

Some people say to me that they will never get another pet again after they have suffered the trauma of losing a loved one. I say that it is better to have loved and lost, than never to have loved at all; there is always an animal in need of your love, and they reciprocate in the most unexpected and endearing ways. This is the very reason that we promote the connection between animals and people…

 
 
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Mucho se habla de la relación entre personas y animales y lo maravilloso que es tener una conexión especial, pero raramente se habla del trauma emocional que se experimenta cuando una mascota muere. En Canadá, donde solía vivir, existía un entendimiento real de que cuando una mascota muere, las personas necesitan un tiempo para procesarlo; a veces se toman unos días del trabajo o visitan a un terapeuta, y esto se considera bastante normal. Sin embargo, aquí en Chile, hay mucho menos entendimiento. No hay salas especiales para eutanasia en las clínicas, y no hay tiempo para el duelo.

Cuando recién llegué a Chile, hace 8 años, tenía un terrible dolor crónico de espalda y cuello que se agravó con la mudanza desde British Columbia, en la costa oeste de Canadá. Es un viaje largo, y hubo mucho que empacar y trasladar. Cuando llegué aquí, encontré a una mujer que era una excepcional masajista y que además había estudiado acupuntura – así que, desesperada, hice una cita. Yo no hablaba una palabra de español y Edith no hablaba una palabra de inglés, pero de alguna forma logramos comunicarnos, y nuestro mutuo amor por los animales se hizo evidente con la presencia de su leal compañero, un adorable poodle llamado “Rex” en la casa. Edith se transformó en la salvadora de mis dolores de espalda, y yo me convertí en la veterinaria de cabecera para todas las necesidades de Rex. Él era un perrito saludable cuya dueña siempre quiso lo mejor para él.

Una noche, como a las 9, recibí un mensaje urgente de Edith. Rex había estado vomitando sangre y estaba letárgico. La Clínica GAAP sólo está abierta durante el día, ya que no contamos con una máquina de Rayos X y otros equipos críticos para atender emergencias, por lo que siempre enviamos a los pacientes a otros hospitales más grandes en casos como este. Al día siguiente Edith me informó que Rex había sido internado y que parecía tener algún tipo de problema neurológico. Durante el día, su estado empeoró y esa noche, Rex murió en el hospital.

Fui a ver a Edith, sabiendo que compartían un vínculo muy cercano. Entendiblemente, estaba devastada. Nos abrazamos, ella lloró, yo lloré. Rex era tan dulce y era una gran parte de su vida. Ella solía caminar por la casa conversando con él, arrullando, y moviendo su dedo para indicarle que se había portado mal y mandándolo a su camita cuando tenía que atender algún cliente. Sin él, todo era tan silencioso, tan solitario. Me sentí terrible al irme.

Nos enviamos un par de mensajes durante los días siguientes y dijo que estaba bien. No la vi por un tiempo después de eso… hasta mi siguiente cita, dos meses después.

Fui a su casa y comenzamos a hablar de inmediato. Me dijo que la pérdida de Rex la había afectado mucho. En Chile, donde los vínculos entre animales y personas tienden a ser un poco lejanos a veces, puede ser difícil explicar a familia y amigos el gran vacío que una mascota puede dejar en la vida. Los perros suelen vivir afuera, en el patio, o sueltos en la calles, así que es complicado para otras personas comprender por qué el duelo puede durar tanto y ser tan profundo. Edith estaba sufriendo sola y en silencio, así que decidió buscar ayuda profesional. Apenas comenzó la terapia, comenzó a soñar con caballos: salvajes, hermosos, galopando, cabello flotando al viendo… y a veces ella era uno de ellos. Su terapeuta le recomendó encontrar un amigo que tuviera un caballo, para que Edith pudiera volver a conectarse con un animal de una forma tranquila, pero lamentablemente, Edith no pudo pensar en un solo amigo que tuviera un caballo.

Yo la mire, incrédula. Desde que nuestro caballo rescatado, Dulce, llegó a Valdivia, siempre pensé que estaba destinado a algo grande, como caballo de terapia para adultos o niños que hayan experimentado trauma. Él es tan gentil y dulce. “Edith”, la interrumpí. “Edith…. ¿Sabías que yo tengo caballos?” Ella me miró como si fuese de otro planeta, y entonces sus ojos se llenaron de lágrimas. “¿En serio?”, susurró. “Esto es increíble…”
Y así fue como comenzó la relación de Edith y Dulce. Cada sábado, Edith viene a visitar, armada con zanahorias y abrazos. Lleva a Dulce a caminar para buscar pastos más verdes, y luego lo cepilla. He escuchado a Edith hablando con él, y es de la misma forma en que solía hablarle a Rex, con ese ese tono de falso enojo, mientras él se acerca a su bolsillo para robar otra zanahoria. Cuando piensa que nadie la ve, ella abraza su gran y divertida cabeza y juega con su pelo suavemente hasta que él se apoya en su hombro.

Algunas personas me dicen que nunca tendrían otra mascota después de sufrir el trauma de perder a un animal querido. Yo digo que es mejor amar y haber perdido que nunca haber amado; siempre hay un animal necesitado de afecto, y ellos lo devuelven de las formas más inesperadas y entrañables. Y esta es exactamente la razón por la que promovemos la conexión entre animales y personas…

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