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3
Jan

#WhatTheyGiveUs: Kelly

by Lindi Cavanagh


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Sean, at age 6, became the human companion to a little tortoiseshell kitten whom he named Kelly. They took to each other without hesitation. Of course, being the mother to the two of them, my work was cut out for me. Kelly & Sean were inseparable from the start & continued to grow up together as the best of pals. Kelly & I vied for the position of ‘Queen of the house’. We both loved & respected each other, but Sean loved & respected Kelly far more than he did me. They played together like cats do & he had the scratches as proof of their bond. Kelly never needed other animals for company, either she thought we were cats or that she was human. If another cat entered the premises, she would immediately come & call on us to deal with the situation – day or night! Her favourite position for daytime naps was on her back, of course she preferred lying on a lap where she could stretch out knowing an arm or hand would be there to support any position she chose. Sean managed to avoid many chores due to being a cat-mat for Kelly.

When Sean began a night job at age 16, Kelly soon worked out his schedule & would be waiting at the top of the stairs for his return at exactly 10.05 pm. If he was working a late shift, I would tell her (in English vocabulary) that he was working late. She would then return to keep us company in the sitting room until he returned home.

Kelly, our dearly beloved furchild/fursister added so much joy to our lives.
During Sean’s extensive university career, he was keen to leave home, but kept delaying as he was concerned about leaving Kelly behind. He eventually left home shortly before Kelly’s 18th birthday. She was, by then, suffering from arthritis & kidney failure. We became close friends with our vet & Sean checked with him regularly as to whether Kelly was suffering too much or still able to continue. During Kelly’s last couple of weeks with us, I spent most hours of the day with her, grooming her, encouraging her to eat & taking her outside for ‘bathroom’ breaks – she refused to use a cat litter!

It was time to say goodbye & she was put to rest at home in Sean’s arms.

 
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A la edad de 6 años, Sean se convirtió el compañero humano de un pequeño gatito que llamó Kelly. Congeniaron de inmediato. Ser mamá para ambos era un trabajo complicado. Kelly y Sean eran inseparables desde el principio y siguieron creciendo juntos como los mejores amigos. Kelly y yo competíamos por la posición de “reina de la casa”. Ambas nos amábamos y respetábamos, pero Sean amaba y respetaba mucho más a Kelly. Jugaban juntos como suelen jugar los gatos, y él tenía los arañazos para probarlo. Kelly nunca necesitó de la compañía de otros animales, o pensaba que nosotros éramos gatos, o que ella era humana. Si otro gato se acercaba, ella venía inmediatamente con nosotros y nos avisaba que debíamos lidiar con la situación- ¡de día o de noche! Su posición favorita para las siestas durante el día era de espalda, por supuesto prefería acostarse sobre el regazo de alguien donde podía estirarse sabiendo que habría un brazo o una mano para apoyar cualquier posición que escogiera. Sean logró evitar muchas tareas en la casa al ser un colchón gatuno para Kelly.

Cuando Sean tenía un trabajo de noche cuando tenía 16, Kelly rápidamente comprendió su horario y lo esperaba en las escaleras hasta que él volvía, exactamente a las 22:05. Si Sean trabajaba un turno tarde, yo le decía (en inglés) que él trabajaba hasta tarde. Entonces, ella volvía a mantenernos acompañados en el living hasta que él volvía.

Kelly, nuestra querida hija/hermana peluda le entregaba tanta alegría a nuestras vidas.

Durante la larga carrera universitaria de Sean, él estaba entusiasmado por dejar la casa, pero continuaba aplazándolo porque le preocupaba dejar a Kelly. Eventualmente dejó la casa, un poco antes del cumpleaños número 18 de Kelly. Para entonces, ella sufría de artritis y problemas en los riñones. Nos convertimos en buenos amigos con el veterinario y Sean chequeaba con él regularmente si es que Kelly estaba sufriendo demasiado o si aún podía continuar. Durante las últimas semanas de Kelly, pasé la mayor parte de las horas del día con ella, aseándola, ayudándola a comer y llevándola afuera al baño – ¡se rehusaba a usar su cajita de arena!

Era momento de decir adiós y la dormimos en casa, en los brazos de Sean.

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