whattheygiveus2
23
Dec

#WhatTheyGiveUs: Luna

by Elena Garde

Versión en español más abajo.

As a young girl, I used to dream about horses- the kind of horses you see in movies withimg_20161211_131104398 long flowing manes and tails, galloping off into perfect sunsets. As I grew older, the dream turned into a reality and one day I actually became a real horse owner. Of course it wasn’t quite like the movies- sure my horses had long manes and tails, but they were often tangled with burrs, sometimes they would try to bite me when I combed them out, and while galloping off into the sunset, I fell off more times than I can count. When I left my parents home and struck out on my own, I realized just how costly and difficult it was to have and be responsible for a horse. You either need your own small farm and enough resources to buy all the hay and paraphernalia and medical attention a horse needs, or you need to pay for boarding your horse, neither of which I had or could afford until recently. So, through an extremely long hiatus of “horselessness” for over 25 years, I still did not lose my passion for someday being a horse owner again.

Last year, it was time; we had everything in place; it was either now or never. I went to see a horse for sale and truly loved her at first site. She is small but beautiful and full of energy! She has a small half moon shape on her forehead that earned her the name Luna and a few short weeks later she arrived at our house. The night before her arrival, I dusted off my old saddle that I’d been hauling around for 30 years, from house to house, country to country in the hopes that I would someday have a horse again. Finally it was real, and I felt literally ready to burst with excitement.

Luna has now been with us for over a year. Yes, she has tried to bite me, she is sometimes a bully, and pushy, and like a little kid will try to see what she can get away with. It costs a lot of money to keep her and is a lot of work cleaning up after her and trying to keep her exercised. But she is one of the absolute joys of my life. I am one of those people that just needs to keep busy and is constantly on the go, but when I am with Luna, I experience a sense of stillness like no other. My mind is calm; I am not thinking about what I need to do. I can stand and watch her eat for hours and enjoy every minute of it. I can sit quietly on her bare back while she wanders around and grazes and be completely, completely happy with just that. I don’t need to gallop and jump and teach her tricks to feel that it is worth having a horse, it is simply her presence that gives me such tranquility and peace. In the mornings, when I go to her corral, she lifts her head and nickers at me and although I know she also does this to other people, I still feel special. I put my forehead against hers and we just have a quiet, still, peaceful moment. I stroke her soft silky neck and smell her rich beautiful smell and it fills me with such an amazing feeling, I struggle to put words to it. Sometimes I actually tear up when I am with her, just because I am so overwhelmingly happy and feel so privileged to have her here with me every single day.

Throughout the day at work, I multi-task a lot and we are all very, very busy, but occasionally Luna creeps into my mind, and I smile. And at the end of every long day, as we are slowly climbing the long hill toward home, I put on my boots in the truck and start to unwind as I think about our arrival at home. Each night I walk Luna from the pasture back to her corral. She comes to me right away when the truck pulls up, and we have a little chat about our respective days, and when she’s ready, I put her halter on. Then I hop on her back and we slowly make our way home, sometimes grabbing mouthfuls of the long grass along the road home, sometimes just meandering along the road if her belly is nice and full, but always it is with such enormous happiness and gratitude that I finish each day on the back of my Luna.

 
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Cuando era niña, solía soñar con los caballos – el tipo de caballos que se ven en las películas con largas cabelleras y colas, galopando hacia el perfecto atardecer. Cuando crecí, el sueño se transformó en realidad y un día me convertí en dueña de caballos. Claro que no fue como en las películas –mis caballos ciertamente tenían largas colas y cabelleras, pero usualmente estaban enredadas y a veces trataban de morderme cuando quería peinarlas y, mientras galopaba hacia el atardecer, me caí más veces de las que puedo contar. Cuando dejé el hogar de mis padres y me arriesgué sola, me di cuenta de lo costoso y difícil que era tener y ser responsable por un caballo. O tienes tu propia pequeña granja y suficientes recursos para comprar todo el heno, equipamiento y atención médica que un caballo necesita, o debes pagar por su hospedaje en un establo. Ambas, cosas que no tenía ni podía costear hasta recientemente. Aún así, a lo largo de un extremadamente largo período sin caballo por más de 25 años, nunca perdí mi pasión por algún día volver a tener uno.

El año pasado, fue el momento; teníamos todo en su lugar; era ahora o nunca. Fui a ver un caballo que estaba en venta y realmente fue amor a primera vista. Ella es pequeña pero hermosa ¡y llena de energía! Tiene una pequeña marca con la forma de una media luna en su frente, que fue lo que le valió ser bautizada como Luna. Un par de semanas después ya estaba en la casa. La noche antes de que llegara, desempolvé mi antigua montura que había acarreado por 30 años, de cada en casa, país en país, esperando algún día volver a tener un caballo. Finalmente era real, y me sentía literalmente a punto de estallar de emoción.

Luna ha estado con nosotros por más de un año. Si, ha tratado de morderme, a veces es una bravucona y es molesta, y al igual que un niño, trata de ver cuánto le aguantan. Tenerla cuesta bastante dinero y mantener su limpieza y asegurarse de que haga ejercicio son un gran trabajo. Pero ella es una de las grandes dichas de mi vida. Soy del tipo de persona que necesita mantenerse ocupada y está constantemente en movimiento, pero cuando estoy con Luna, experimento una sensación de quietud como ninguna otra. Mi mente está calma; no estoy pensando en lo que tengo que hacer. Puedo detenerme a verla comer por horas y disfrutar cada minuto. Puedo sentarme tranquilamente en su lomo descubierto mientras ella se pasea, y estar completamente feliz con eso. No necesito galopar y saltar y enseñarle trucos para sentir que vale la pena tener un caballo, su simple presencia me da tranquilidad y paz. En las mañanas, cuando voy a su corral, ella levanta la cabeza y gime, y aunque sé que también hace esto con otras personas igual me siento especial. Apoyo mi frente en la suya y tenemos un momento de silencio, calma y tranquilidad. Acaricio su cuello suave como seda y huelo su rico y hermoso olor y me llena de un sentimiento tan increíble que me cuesta describirlo con palabras. A veces me emociono cuando estoy con ella, simplemente por lo abrumadoramente feliz y privilegiada que me siento de tenerla conmigo cada día.

Durante mi día de trabajo, hago múltiples funciones y estamos todos muy, muy ocupados pero ocasionalmente Luna se me viene a la mente, y sonrío. Y al final de cada día, mientras subimos el cerro hacía nuestro hogar, me pongo mis botas en la camioneta y me relaja pensar en que ya estaremos en casa. Cada noche llevo a Luna desde su pastoreo de vuelta al corral. Ella se me acerca de inmediato cuando la camioneta se detiene, y tenemos una pequeña conversación sobre nuestros respectivos días y, cuando está lista, le pongo su cabestro. Me monto en su lomo y lentamente caminamos hacia la casa, a veces tomando grandes mordiscos del largo pasto en el camino, a veces simplemente vagando junto al camino si su panza está llenita, pero siempre con una enorme felicidad y gratitud de poder terminar cada día en el lomo de mi Luna.

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